Una nota media, para empezar bien

Quiero inaugurar este blog con una reflexión sacada al azar de mis recuerdos.

Seguramente, casi todos conozcáis la famosa y graciosa anécdota de la estadística y de los dos pollos.

Esta anécdota dice que la estadística es una disciplina bastante inútil porque, “si yo como dos pollos, y tú ninguno, según la estadística ambos comemos un pollo por cabeza”.  Y, en efecto, parece casi cierto.

Tal vez algunos de vosotros también sepan de dónde viene esta anécdota. El origen descansa en un poema satírico escrito alrededor de 1940 por el escritor italiano Carlo Alberto Camillo Mariano Salustri, mejor conocido como “Trilussa” (seudónimo que deriva del anagrama de su apellido).

Trilussa

Este señor se volvió famoso sobre todo por sus poemas satíricos escritos en dialecto romano; entre estos, hay uno llamado, de hecho, “La Statistica”. He aquí la versión original del poema, que contiene la historia de los dos pollos, aunque en una versión ligeramente diferente y más amplia:

Sai ched’è la statistica? È ‘na cosa
che serve pe fà un conto in generale
de la gente che nasce, che sta male,
che more, che va in carcere e che spósa.
Ma pè me la statistica curiosa
è dove c’entra la percentuale,
pè via che, lì, la media è sempre eguale
puro co’ la persona bisognosa.
Me spiego: da li conti che se fanno
seconno le statistiche d’adesso
risurta che te tocca un pollo all’anno:
e, se nun entra nelle spese tue,
t’entra ne la statistica lo stesso
perch’è c’è un antro che ne magna due.

En la Roma de la época de Trilussa comer pollo era un lujo para muchas personas, aunque el razonamiento en sí siga siendo válido incluso hoy día.

Entonces, ¿es cierto que la estadística miente?

Trilussa2

Lo que Trilussa no sabía, o ignoró deliberadamente, es que en este caso la culpa no es de la estadística o, al menos, la culpa es de una aplicación errónea de la disciplina. No cabe duda que hay un individuo que no come ningún pollo y otro que ne magna due, es decir, que come dos pollos. Y no cabe la menor duda que en este caso la media estadística sea 1.

Sin embargo, frente a esta situación, los estadísticos enfocan su atención sobre otra cosa. En esta situación, hay que mirar a otro índice estadístico, mejor dicho, al índice estadístico por excelencia: la varianza. La varianza es un índice de dispersión, es decir, mide cuánta diferencia existe entre los casos que estamos estudiando. La varianza se define como la suma de todas las diferencias al cuadrado entre el valor del caso y la media, el todo dividido por el número total de casos estudiados, es decir, mide “cuánto se aleja la gente, en promedio, de la media”.

Es evidente que, en el caso de los dos pollos de Trilussa, la varianza es un dato crucial. En este caso la varianza asume el valor máximo (1): la desigualdad entre los individuos es máxima.

Entonces, contrariamente a lo que insinuaba irónicamente Trilussa, el estadístico no es ese hijo de buena madre que maquilla la realidad para esconder la desigualdad existente, sino un individuo que posee las herramientas necesarias para enseñar que las cosas no van nada bien, al menos en términos de consumo de carne de pollo.

Por eso, si no conocíais la historieta del Trilussa o la importancia de la varianza , os animo a tener todo esto en cuenta a la hora de examinar unos datos estadísticos, por ejemplo aquellos que se publican en los periódicos. Aunque este sea otro tema que, quizá, merecería una entrada a parte.

Seguramente, en anteriores ocasiones otros habrán ya explicado el concepto de varianza o la historia de los pollos con más profundidad o precisión. No obstante, me apetecía abrir este espacio con una historieta que siempre encontré simpática.

Desde luego, aunque no tenga datos a mano como para contrastarlo, apuesto que la anécdota de los dos pollos sea una de las principales bromas que te gasten cuando sueltas por ahí “que estudias estadística”. ¡A la gente le encantan los estadísticos!

Por cierto, otra cosa frecuente en estos casos es decirte que no saben si llamarte “estadístico” o “estadista”. A esta pregunta solía contestar que la estadística se llama así por ser la “ciencia del estado”, siendo el estadístico “la persona que se dedica a la ciencia del estado”; algo muy diferente, sin embargo, del estadista, que es “una persona de estado”. ¿Se nota la diferencia? Ya que nos encontramos en los años 40 en Italia, no querréis poner en el mismo plano a Corrado Gini (inventor del índice de desigualdad económica más utilizado) y Benito Mussolini (sobran las explicaciones), ¿no?

Y ya puestos a elegir, ¿a Trilussa dónde lo ponemos?. ¿Con Gini o con Mussolini?. Quizá en el medio entre los dos, a comer pollo…

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