Eva, Adán y el progreso humano

Entre todos los episodios, más o menos sangrientos o violentos, de ese libro tan conocido que es La Biblia, hay uno en particular que siempre me llamó la atención. No se trata de una elección muy original, ya que me refiero a la “fábula” de Adán y Eva, muy conocida por todos y que encima se encuentra en el primer capítulo de la larga historia bíblica.

La historieta de Adán y Eva siempre me pareció fascinante por varias razones. Se trata de un mito antiguo que nos habla de temas importantes; por esto no es casual que se encuentre al principio del cuento. Yo he identificado al menos tres temas y profundizaré sobre el último.

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“El primer beso” (Salvador Viniegra, 1891). Fuente: Wikipedia

Come y calla

El primer tema tiene que ver con la división entre géneros (hombres y mujeres) en la sociedad, con sus respectivos papeles y atributos. ¿Hubo igualdad desde el principio? Eva nació de una costilla de Adán: ¿esto la hizo mejor o peor? ¿Por qué es Eva que toma la manzana, y no Adán? ¿Por qué Dios castiga a los dos de manera diferenciada? Sean cuales sean las respuestas, es evidente que el mito entronca directamente con estos temas tan delicados y fundamentales: la percepción del otro sexo; la construcción del género y la división del trabajo; las relaciones de poder entre los géneros. Nótese que la división del trabajo entre hombres y mujeres emerge como una estrategia para poder sobrevivir después de la expulsión del Edén, o al menos así parece.

Y aquí llega el segundo tema: el de la relación entre ser humano y naturaleza. ¿Qué relación existió, existe, debería existir o hubiese podido existir entre los seres humanos y los recursos naturales? ¿Beneficiarios, dueños o esclavos? Es evidente que en el Edén, el paraíso terrenal, había comida para todos (bueno, si todos significa dos) y en abundancia; los animales no fastidiaban; no había ni frío ni tristeza ni cataclismos naturales, ¡y todo esto sin haber inventado la economía! ¿Existió de verdad esa etapa de la humanidad? ¿Es una meta que deberíamos plantearnos? ¿O se trata solo de un simbolismo que se refiere a otras cosas?

Esto nos lleva, finalmente, al tercer tema, que es el que más me interesa: el de la ciencia y el conocimiento científico. Y a las siguientes preguntas: ¿Por qué el ser humano eligió escuchar a la serpiente y tomarse la manzana? ¿Por qué eso implicó la expulsión del paraíso terrenal? En mi opinión, para contestar a estas preguntas, hay que preguntárselo a los historiadores y los científicos, más que a los curas.

Cuando cazábamos y recolectábamos, es decir, lo de toda la vida

Hasta hace algunas décadas, las interpretaciones científicas tradicionales tendían a menospreciar esa época histórica (o mejor dicho, prehistórica) donde el ser humano fue principalmente un cazador-recolector. ¡Y eso  que se trató de una época muy amplia! Aproximadamente, el 99% del tiempo que hemos vivido los Homo Sapiens Sapiens como especie. Sin embargo, era opinión corriente que durante esos milenios el ser humano no evolucionaba, o lo hacía muy muy lentamente, porque era bastante estúpido y poco creativo. Otra explicación que se daba es que la vida del cazador-recolector no dejaba tiempo para poder parar a pensar y reflexionar, ya que se trataba de un tormento continuo entre búsqueda de comida, condiciones climáticas desfavorables, enfermedades, animales feroces, etc.

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Ilustración de Zdenek Burian, 1952. Fuente: Observatorioredes.blogspot.com

Gracias a Dios, la ciencia y la historia evolucionan también, y existen los arqueólogos, los antropólogos y los paleo-historiadores, quienes nos aportan datos, materiales y nuevas perspectivas, que suelen ser más fundamentadas. En particular, a partir de los años 60, las investigaciones realizadas en estos campos empezaron a cambiar nuestra visión de la prehistoria. En particular, se empezó a abrir el camino la idea de que nuestros ancestros no eran innovadores no porque eran incapacitados, sino simplemente porque no les interesaba. En efectos, la noción de progreso es algo reciente, no solo porque el propio progreso es algo reciente, sino porque necesita también de saber pensar de forma progresiva, que también es algo muy reciente.

Las investigaciones mencionadas más arriba han demostrado que los cazadores-recolectores disponían de mucho tiempo libre al margen del trabajo; los estudios más prudentes estiman que disponían al menos de tanto tiempo libre cuanto nosotros, y los menos prudentes, mucho más todavía. Al mismo tiempo, se empezó a suponer que, con toda probabilidad, sus vidas no eran tan duras como se creía anteriormente, debido a la elevada capacidad de adaptación al medio (aunque todavía lejos de ser paradisíacas, por supuesto).

Entonces, si el ser humano disponía de abundante tiempo libre y relativa tranquilidad, ¿por qué no innovaba y progresaba? Seguramente mucho habrá influido la escasez de diversidad (psicológica, social, económica) dentro de las comunidades; es sabido el papel de la heterogeneidad y las desigualdades en fomentar los procesos de innovación. Otros factores podrían ser la  ausencia de comunicaciones entre comunidades diferentes, la escasa esperanza de vida, etc. Pero creo que todos estos factores se podrían resumir en un solo hecho: a la gente, simplemente, no le interesaba innovar, porque no lo veía importante ni útil. Los cazadores-recolectores vivían en un mundo muy limitado, tanto física como intelectualmente; ya disponían de todo lo que necesitaban,  y su visión del tiempo no era lineal y progresiva, como la nuestra, sino probablemente circular y orientada hacia el infinito. Reconozco que para algunos esto significa “ser estúpido”, o al menos incapacitado, pero personalmente no opino lo mismo.

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Los Hadza, cazadores-recolectores contemporáneos. Fuente: National Geographic

La invención de la agricultura

En todo caso, parece que las cosas duraron así hasta que el ser humano no tropezó con una cosa llamada agricultura (mejor decir “empezó a tropezar”, ya que la cosa tardó bastante). Fue la agricultura a revolucionarlo todo: es el asesino de nuestro enigma histórico-religioso. Con la agricultura el ser humano pasó de ser nómada a estacionario, de depender de los caprichos de la naturaleza a intentar controlarla, de ser adaptable a ser adaptador. También empezó a delimitar los confines de las tierras, a construir vallas, a amontonar los excedentes de la producción agrícola, a planificar el futuro y por ende a ver el tiempo de forma cada vez menos cíclica y cada vez más progresiva. A partir de ahí, el ser humano no tardó mucho en inventar la política (Estado, jerarquía, redistribución, reglas formales), luego la economía (intercambio, desigualdad, mercado, moneda) y ‒ en tiempos más recientes ‒ el capitalismo (ahorro, inversión, monetarización, especulación). Se trata de una serie de etapas que se han desarrollado de forma relativamente rápida, si puestas en comparación con todo lo anterior.

Volviendo al tema central: ¿cómo se llegó a inventar la agricultura? Por supuesto que no aconteció de un día a otro, aunque es posible que algunas fases de este proceso acontecieron de forma relativamente rápida (ej. años). Por ejemplo, es probable que influyeron factores como la observación de los ciclos de las plantas y el percatarse de que las semillas de los frutos comidos, si tiradas al suelo, podían volver a germinar.  Al mismo tiempo, la progresiva adaptación de pequeños animales dentro de los asentamientos humanos sentó las bases para la “invención” de la ganadería.

Pero, ¿quiénes eran las personas que  empezaron a observar estos procesos, hacer experimentos (ej. seleccionar semillas, trasplantar, ordeñar, etc.) y sacar sus conclusiones? Si los hombres cazaban, entonces, no podían que ser las mujeres a hacerlo. Las mujeres no podían, con toda probabilidad, alejarse ni exponerse mucho, por el tema de los críos, y por ende se dedicaban sobre todo a tareas de recolección en las cercanías del hogar. No es descabellado suponer que las mujeres hayan inventado la agricultura y el pastoreo. Esto conllevó un mayor afán de comprender, experimentar, planificar, replicar, adoptando una visión linear y progresiva del tiempo. Plantaron las semillas de la ciencia y el conocimiento científico. Mordieron la manzana (casualmente, un fruto) del conocimiento prohibido: el control de la naturaleza.

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Fuente: Taringa

Interpretando el mito

Finalmente vemos que el mito de Adán y Eva cobra mucho sentido como explicación narrativa del pasaje histórico desde las tribus de cazadores-recolectores hacia campesinos estacionarios organizados en comunidades con una rígida división del trabajo y una planificación de aprovechamiento de los recursos naturales. ¿Pensaron en estos temas las generaciones de pastores y las primeras civilizaciones mesopotámicas que idearon aquellos mitos que, posteriormente, sentaron las bases para la redacción de las historias bíblicas? Yo creo que es muy probable.

Dentro de esta perspectiva mítica, los seres humanos vivían en un paraíso terrenal, un jardín idílico, donde el tiempo y los recursos eran infinitos, no tenían nada ni necesitaban nada, y vivían en armonía con la naturaleza. No había cambio, ni innovación ni progreso. Pero la serpiente, la componente material de la realidad (lo que se suele asociar al demonio, según la tradición cristiana) estimuló la curiosidad de las mujeres, que mordieron el fruto prohibido del conocimiento científico y lo compartieron con sus hombres, inventando la agricultura. Dios no nos expulsó del Edén, fuimos nosotros que, más o menos voluntariamente, nos fuimos de él, abriendo el camino a un proceso de desarrollo y globalización que todavía sigue hoy en día, a un ritmo cada vez más acelerado. Que nos guste o no, que sea bueno o no, el fruto del conocimiento científico se encuentra exactamente entre las raíces de nuestra existencia como seres humanos evolucionados y como sociedad.

Reti-Internet

Fuente: Wikitalia.it

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